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Cuando te acuestas y el dolor aparece, tu cuerpo no descansa. El insomnio aumenta la inflamación, endurece las articulaciones y hace que el dolor vuelva más intenso cada noche. No dormir no te recupera: te desgasta. El alivio debe empezar antes de cerrar los ojos.

Actúa directamente donde nace el dolor, ayudando a reducir la inflamación local y liberar la tensión que interrumpe el descanso. Al disminuir las señales de dolor, el cuerpo entra más rápido en estado de relajación, permitiendo dormir profundo, sin sobresaltos ni rigidez nocturna.